Música, voz o ruido – nuestra “visión” del sonido se caracteriza por la vida diaria. El hecho de que el sonido pueda anularse, de que podamos luchar contra éste con antisonido, y de que existan fuentes de sonido que aparecen como de la nada puede parecer magia. Pero funciona, veremos cómo.Todos estamos equipados con ese cerebro que fue desarrollándose desde el de un hombre primitivo, siglo tras siglo cazando y recolectando. Tanto el sonido de un depredador, como la música de una flauta, pueden sonar por cualquier parte. Y dicho “conocimiento” nos ayuda a ubicar correctamente (a veces de vital importancia) las fuentes de las que procede el sonido.
Y como por arte de magia aparece el sonido direccional: un paso adelante o atrás bastan para determinar que música y voz puedan escucharse en una pequeña área definida. Mediante estos efectos de sonido, combinados por ejemplo con anuncios visuales, puede lograrse que sean percibidos sólo cuando uno se encuentra justo delante del póster o el LCD. Museos, galerías de arte y otras instalaciones culturales ya utilizan actualmente el “sonido direccional”. Pero, ¿cómo funciona eso?